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sábado, 11 de octubre de 2014

messed up


No es que no te ame. Es el sonido que escuché cuando tenía nueve años y mi papá cerró la puerta tan fuerte tras él que juro por Dios que
 hizo temblar toda la casa. Por tres años miré a mi mamá romperse los dientes en botellas de vodka. Creo que una parte de ella paró de respirar cuando él se fue. Una parte de ella murió ese día. Creo que se llevó su corazón con él cuando se fue. Su pecho está vacío, solo un desastre fragmentado, costillas rotas y pastillas para la depresión. 
No es que no te ame. Es la sangre en la bañera. Es la noche que pasé doce horas en la sala de emergencia esperando para saber si mi hermana iba a estar bien, después de que el chico que ella amaba le dijera que ya no la quería. Son las lágrimas, las luces fluorescentes, las paredes blancas y las caras pálidas, las respiraciones temblorosas y la sangre. Tanta sangre. 
No es que no te ame. Es la vez que tuve que estar despierta por dos días seguidos con mi mejor amiga mientras lloraba, gritaba y vomitaba en el piso de mi habitación porque su novio había dormido con su ex. Juro por Dios que todavía tiene marcas de lágrimas en la cara. Creo que cuando amás a alguien, ese amor nunca se va del todo.
No es que no te ame. Son las seis semanas que tuvimos una maestra sustituta en la clase de inglés porque nuestra profesora estaba divorciándose y no podía levantarse de la cama. Cuando volvió sonreía, pero sus manos temblaban tanto mientras tomaba su café que podías ver que algo en ella estaba roto. Y hay cosas que cuando se rompen, no tienen arreglo. Nada vuelve nunca a su estado original. Tuve un diez en inglés ese año, creo que su cabeza estaba siempre dando vueltas por la tristeza con tanta fuerza que no pudo leer ninguno de mis trabajos. 
No es que no te ame, es que lo hago.